Edgar J. Hoover, el poder por la fuerza

“Este atentado no habría ocurrido si J. Edgar Hoover hubiera estado vivo”. George Bush, 11 de septiembre de 2001.

J. Edgar Hoover fue dios durante 48 años, y su reino era el FBI (Oficina Federal de Investigaciones). Calculador, vicioso, perverso, inculto y obsesivo, mezcla de Mefistófeles y ángel, desde la Policía en los Estados Unidos manejó parte del mundo. Extorsionó, amenazó con sutileza, olvidó cuando quiso olvidar y lo que quiso olvidar, nombró a sus amigos en los cargos que necesitó y eliminó de la vida pública a quienes se interpusieron en su camino.

“No puedes despedir a Dios”. John Fitzgerald Kennedy, octubre de 1962, en referencia a J. Edgar Hoover.

Cuando Kennedy fue elegido presidente, una de sus primeras decisiones fue nombrar como procurador a su hermano Robert, con la orden secreta de que descubriera y eliminara los vínculos de la mafia con el FBI. Todo el mundo hablaba de ellos. Sin embargo, Hoover prefirió no investigar.

“Un camaleón que podía ser muy atractivo, pero era un manipulador nato”. William Sullivan, 2007, exsubdirector del FBI.

La revista Time publicó en los años ochenta que su asistente, Clyde Tolson, llegó a la oficina de investigaciones porque él, J. Edgar Hoover, se encontró su hoja de vida volando por ahí, con una foto y algunos datos que le llamaron la atención. Entonces lo contrató. Ya nunca más se separaron. Más que amigos, eran como cómplices. Tolson falleció en el 75, dicen que de soledad. Su último deseo fue que lo sepultaran al lado de Hoover. Así fue.

“La justicia es incidental a la ley y el orden”. J. Edgar Hoover.

La mafia conocía muy de memoria aquella relación Hoover-Tolson. Tenía pruebas escandalosas contra los dos. Además, no les tenía miedo. A fin de cuentas, las familias organizadas de los negocios ilícitos en los Estados Unidos no tenían nada que perder. Ya estaban por fuera de la ley. Tanto John F. como Robert Kennedy sabían de aquella mutua complicidad basada en el silencio y la no agresión. Para limpiar las mafias, que a su vez habían sostenido constantes disputas con la familia Kennedy por el contrabando de whisky, debían presionar a Hoover. No obstante, el dúo Hoover-Tolson tenía pruebas, miles de pruebas sobre las continuas infidelidades de Kennedy, y una de ellas habría bastado para hundirlo. William Manchester, Oliver Stone y algunos más sostuvieron en libros y películas que pese a las veladas advertencias, los Kennedy se le enfrentaron. Los dos terminaron asesinados. Uno en Dallas, 1963, y el otro en Los Ángeles, 1968.

“J. Edgar Hoover vivía alarmado por la afición de Kennedy a las mujeres. Le disgustó sobremanera enterarse de que Marilyn Monroe, sin proponérselo, hubiera pasado información confidencial a un comunista que, como sabía el FBI, estaba en contacto con espías extranjeros”. Informe Marilyn Monroe, asunto de seguridad. Comunista.

Hoover falleció el 2 de mayo de 1972 , luego de haber estado durante casi medio siglo al frente del FBI. Había ingresado en 1924, cuando la oficina apenas contaba con 12 policías. Ochenta años después eran 12.000. Se habían multiplicado y multiplicaron su poder recordando año tras año que en el verano de 1934 capturaron al gángster John Dillinger; que en 1931 le tendieron una celada a Al Capone y lo enviaron a prisión, y que el 23 de mayo del 34, luego de haberlos perseguido por más de 24 meses, remataron con más de 130 balazos a Bonnie Parker y Clyde Barrow, o sencillamente Bonnie y Clyde.

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