Estados Unidos condenó las elecciones regionales de Venezuela, en las que el chavismo logró un abrumador triunfo y que fueron acompañadas por observadores europeos. Para el secretario de Estado, Anthony Blinken, Nicolás Maduro privó a los venezolanos de un proceso “justo y libre”.

“El régimen de Maduro privó a los venezolanos una vez más de su derecho a participar en un proceso electoral libre y justo. Temeroso de la voz y el voto de los venezolanos, el régimen distorsionó enormemente el proceso para determinar el resultado de esta elección, mucho antes de que se emitieran los votos”, añadió el secretario de Estado.

Este proceso electoral era importante, pues contó además con la participación de los principales partidos de la oposición, después de tres años marginándose de elecciones y llamando a la abstención a través de figuras como la de Juan Guaidó, el dirigente que Washington reconoce como presidente interino.

El gobierno estadounidense se convirtió en el principal aliado de Guaidó, quien además recibió cierto control de los recursos venezolanos en el extranjero. Otro medio centenar de países lo reconoce como presidente, aunque Maduro en la práctica tiene el control del país. El chavismo, como era de esperarse, reaccionó con duras críticas a Washington por las palabras de Blinken.

“Es ya una costumbre que el gran derrotado de las elecciones venezolanas, los EE. UU., sangre por la herida”, reaccionó en Twitter el ministro de Comunicación venezolano, Freddy Ñáñez. Por otro lado, el canciller venezolano, Félix Plasencia, tachó a Washington de “gobierno supremacista”.

“Una hazaña”

La oposición se marginó en las elecciones presidenciales de 2018, en las que Maduro fue reelecto, y las legislativas de 2020, en las que la oposición, con Guaidó al frente, perdió el control del Parlamento.

Ambas fueron tachadas de “fraudulentas” por la oposición y Estados Unidos, que no tiene relaciones diplomáticas con Maduro e impuso un embargo petrolero al país sudamericano.

Para las regionales, que cerró con más de 42 % de participación, las principales organizaciones opositoras decidieron participar, aunque sin acordar candidaturas unitarias en medio de rencillas y enfrentamientos internos.

“Los que lograron arrebatarle (puestos) a la dictadura es una hazaña (…), mis respetos”, exclamó Guaidó el lunes, asegurando que “sería injusto” tildar de “fracaso” el resultado.

La oposición ganó en total los gobiernos de tres de los 23 estados en juego. Además, de las 335 alcaldías, La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) -mayor alianza opositora- ganó 59, mientras que 58 fueron para otras organizaciones no alineadas al chavismo, que se hizo con 205 alcaldías, según el último balance del CNE. En los 13 restantes aún no hay resultados definitivos.

Estados Unidos “felicitó” igualmente a los partidos y votantes que decidieron participar en los comicios, “pese a sus fallos”, para “preservar y luchar por un espacio democrático tan necesario”.

En el pasado, cualquier participación hubiera sido tachada de traición desde el círculo de Guaidó, que insiste en que la única solución para sacar a Maduro del poder es a través de elecciones “justas, libres y transparentes”.

Una de las condiciones que exigía la oposición era la observación internacional. El gobierno de Maduro permitió el acompañamiento de una amplia misión de la Unión Europea, y paneles de expertos de la ONU y el Centro Carter, tras años de resistencia con invitaciones a veedores de organizaciones afines al chavismo.

Con todo, cualquier objetivo electoral pasa por la “evidente necesidad de unificación” opositora, apuntó Guaidó.

“Es un evento que debe llevarnos a más unidad, una unidad sincera”, señaló en medio de diferencias con otros dirigentes opositores que rechazan la figura del “gobierno interino” que encabeza.