En el primer semestre del 2021, el número de personas que ha huido de la guerra, los conflictos y las persecuciones aumentó en dos millones, alcanzando los 84 millones de personas, anunció la ONU en un informe. “La comunidad internacional no logra impedir las violencias, persecuciones y ataques contra los derechos humanos que expulsan a estas personas de sus hogares”, declaró el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados, Filippo Grandi, en el comunicado.

Dentro de los 84 millones de personas hay refugiados, solicitantes de asilo y desplazados dentro de sus propios países. Su situación empeoró debido a la pandemia de la COVID-19 y a las consecuencias del cambio climático, que ya se dejan sentir.

A finales de junio de este año, 26,5 millones de personas eran consideradas refugiados. Entre ellos, 6,6 millones son sirios, 5,7 millones son palestinos y 2,7 millones son afganos, según el documento. A ellos se suman 3,9 millones de venezolanos que han salido de su país, aunque no se les considere oficialmente refugiados, y 4,4 millones que han solicitado asilo en todo el mundo.

Entre enero y junio de este año, más de 4,3 millones de personas tuvieron que desplazarse dentro de su propio país, cifra que representa un alza del 50% en comparación con el mismo período del 2020, según se lee en el informe.

La violencia en República Democrática del Congo (RDC) y en Etiopía forzó a más de un millón de personas a salir de sus hogares y a trasladarse a otros lugares dentro de sus respectivos países. Los conflictos y la violencia también han provocado el desplazamiento interno de miles de personas en Birmania, Afganistán, Mozambique y Sudán del Sur.

Paralelamente, un millón de desplazados internos pudieron volver a sus casas en la primera mitad de 2021, por lo que la cifra total de desplazados internos se situó en 51 millones a finales del semestre, frente a los 48 millones registrados seis meses antes.

Finalmente, la entidad internacional afirmó que la mayoría de las personas que deben huir de sus casas encuentran refugio en zonas más pobres. “Son las comunidades y países con menos recursos los que portan el pesado fardo de dar protección y asistencia a estas personas desplazadas”, lamentó Grandi.