La guerra informativa entre Arabia Saudita y Catar

Noticias Fecha: 9 Julio, 2017


Recientemente me invitaron a Beirut para moderar un panel donde se comparaban las escenas de cómics en Suiza y en Líbano. De vuelta a casa, colegas y amigos se sorprendieron por el hecho de que una institución suiza financiara una exposición de artistas de cómics suizos en Líbano.

La mayoría pensaba que era una gran pérdida de dinero y de cómo los suizos no saben realmente como gastar toda la plata que tienen.

En la óptica suiza, es una inversión a largo plazo y una de las caras del poder blando o diplomacia pública. Inviertes ahora, no vas a ver resultados en seguida, pero, probablemente, en cinco, diez o quince años verás que algunos talentos de cómics libaneses o árabes se irán a Suiza, y no a Francia, para completar su formación, y al mismo tiempo verás cómo mejoró la imagen de Suiza en la región.

Eso es, en amplios términos comparativos, a lo que apostaron —entre otras cosas— Catar y Al Jazeera hace más de veinte años. Ahora, ambos están bajo el ataque de los antiguos aliados del Golfo.

Algunos resultados de esta inversión se ven de forma más evidente. Los medios de todo el mundo dispensan condenas, justamente, contra la infeliz petición de la coalición saudita, de cerrar Al Jazeera y como un ataque a la libertad de expresión.

También leemos repetidamente como hay que diferenciar entre el canal en lengua árabe y en lengua inglesa, este ultimo más cercano a los estándares de independencia e imparcialidad.

Y también, finalmente, se encuentran algunas breves anécdotas sobre el partidismo del canal en su versión en árabe durante la Primavera Árabe, al apoyar los grupos afines a los Hermanos Musulmanes en la región y los intereses geopolíticos de Catar.

Pero, al margen de la justificada indignación, es difícil encontrar voces que nos ayuden a entender el cuadro completo de la disputa. Es sorprendente ver cómo hay muchos libros sobre el carácter revolucionario de Al Jazeera, pero pocas investigaciones académicas detalladas sobre los contenidos, el frame o la agenda setting de este canal.

Algunas de estas pocas investigaciones muestran como Al Jazeera en árabe ha utilizado, por años, un frame negativo contra Arabia Saudita cuando Catar y esta última se enfrentaban en una guerra de baja intensidad, para luego suavizarlo cuando se reconciliaron.

Lo que es, probablemente, válido también para los medios saudíes, pero no fueron tan revolucionarios para que alguien los investigara o por tener un impacto en el imaginario mundial. Este vacío académico es, igualmente, sinónimo de una exitosa política de poder blando.

La guerra informativa entre los saudíes y los cataríes no sale de la nada: existe desde la independencia de esta pequeña península y ha aumentado exponencialmente con la turbulencia geopolítica de los últimos años.

Lo que tampoco se menciona es la parte más “dura” del poder blando. Como la mayoría de los canales de información satelital en la región son de propiedad estatal, o afines a un actor político especifico, estos se convierten en momentos de tensos enfrentamientos geopolíticos, una arma en manos de sus propietarios para atacar a sus rivales.

Al Jazeera en árabe no es diferente de los otros canales de la región, y una de las armas más poderosas. En la óptica saudí, hay que detenerla como sea, y no sólo por su influencia en la región, sino también por su alcance a escala global.

Por supuesto, Al Jazeera y Catar están bajo ataque y la petición de la coalición saudita y de los Emiratos para cerrar el network con el fin de restablecer las normales relaciones es un sinsentido. Al Jazeera, tanto en árabe como en inglés, ayudó a mejorar el desequilibrado flujo de la información internacional. Por eso y por otras mil razones, son voces que deben quedarse. Pero acercarse a este debate sin mirar el cuadro más amplio, oculta cómo, en el tenso contexto geopolítico regional, estos medios se han vuelto herramientas de las políticas exteriores de estos países.

Su ausencia del debate global es el resultado de veinte años de exitoso poder blando y de como nos animen a tomar un bando en la disputa; o sea, simpatizar con Catar y Al Jazeera, sin darnos a conocer y cuestionar realmente el marco de este enfrentamiento.

*Doctor en estudios culturales, analista de política internacional y fundador de @uicly.

Fuente: El Espectador